inesperado: el calor
En el fútbol siempre hablamos del rival, del árbitro, del VAR, del césped, del balón que “hace cosas raras” y, por supuesto, de ese delantero que falló lo imposible a puerta vacía. Pero en el Mundial de Fútbol 2026 parece que habrá otro invitado sobre el campo: el calor extremo.
Y ojo, porque este no se lesiona, no pide el cambio y no respeta ni los minutos de descuento.
Recientemente, World Weather Attribution publicó un análisis titulado Climate Change Big Player at FIFA World Cup 2026, en el que advierte que el cambio climático puede convertirse en un factor importante durante el próximo Mundial, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá.
Pues, según este estudio, si bien algunas sedes tendrán condiciones relativamente suaves, especialmente en zonas del norte o de la costa pacífica, otras ciudades del sur e interior de Estados Unidos y México podrían enfrentarse a temperaturas cercanas o superiores a los 30 ºC, con humedad suficiente como para que el cuerpo diga: “yo aquí no corro ni con orden judicial”.
No es solo calor: es calor del que se pega
El estudio no se queda simplemente en mirar el termómetro. Usa un indicador llamado WBGT —Wet Bulb Globe Temperature—, que suena a marca de microondas, pero en realidad sirve para medir el estrés térmico real sobre el cuerpo.
Este índice combina temperatura, humedad, radiación solar y viento. Es decir, no es lo mismo jugar a 30 ºC con brisa seca que jugar a 30 ºC con humedad, sol directo y la sensación de estar alicatando una pirámide en agosto.
Por eso el WBGT es especialmente útil en deporte, trabajo al aire libre y situaciones donde el cuerpo tiene que sudar para no convertirse en una croqueta humana.
El fútbol moderno: hidratación, táctica y abanico
Según las recomendaciones de FIFPRO, el sindicato mundial de futbolistas, cuando el WBGT alcanza los 26 ºC ya existe riesgo real de estrés térmico y deberían incluirse pausas de enfriamiento. A partir de 28 ºC WBGT, FIFPRO considera que las condiciones son inseguras y recomienda aplazar el partido. El problema es que la normativa actual del Mundial contempla el aplazamiento solo con valores superiores a 32 ºC WBGT, una diferencia nada menor.
Dicho de otra forma: para algunos expertos, a 28 ºC WBGT ya habría que mirar el banquillo, el calendario y la salud de los jugadores. Para la competición, todavía queda margen. Mucho margen. Quizá demasiado.
¿Cuántos partidos podrían verse afectados?
El análisis estima que, en el clima actual, unos 26 partidos del Mundial 2026 podrían disputarse con condiciones de al menos 26 ºC WBGT. Si el clima fuera como en 1994, cuando Estados Unidos acogió el Mundial anterior, se esperarían unos 21 partidos en esas condiciones.
La diferencia parece pequeña, pero no lo es. Porque hablamos de jugadores haciendo esfuerzos máximos, aficionados en gradas y fan zones, trabajadores del evento, colas, desplazamientos, celebraciones y todo ese ecosistema mundialista donde uno empieza con una camiseta de algodón y termina pareciendo una servilleta usada.
Para el umbral más preocupante, 28 ºC WBGT, el estudio estima 5 partidos en condiciones consideradas inseguras por FIFPRO, frente a 3 partidos bajo el clima de 1994. Además, para condiciones todavía más severas, de 30 ºC WBGT, la probabilidad sigue siendo baja, pero casi se ha duplicado respecto a 1994.
Las sedes donde el calor puede sacar tarjeta amarilla
Según el informe, algunas de las sedes más expuestas son Miami, Kansas City, Philadelphia, New York/New Jersey, Dallas, Houston y Monterrey. El calor más intenso suele aparecer por la tarde, pero incluso los partidos más tardíos pueden tener riesgo. El propio análisis menciona, por ejemplo, un partido entre Países Bajos y Túnez en Kansas City a las 18:00, con una probabilidad del 7 % de superar el umbral de 28 ºC WBGT.
Y aquí viene la parte incómoda: no todo se resuelve con estadios con aire acondicionado. Porque el Mundial no ocurre solo dentro del estadio. También ocurre en las calles, en las pantallas gigantes, en las terrazas, en los desplazamientos, en los voluntarios trabajando al sol y en los aficionados que creen que una gorra de merchandising es un sistema de refrigeración avanzado. No lo es.
El cambio climático también juega
La conclusión del estudio es clara: el aumento del riesgo de calor húmedo extremo puede atribuirse con confianza al cambio climático causado por la actividad humana. Es decir, no hablamos solo de “hace calor porque es verano”. Hablamos de que las condiciones peligrosas son ahora más probables que en 1994 debido al calentamiento global.
El fútbol siempre ha sido sensible al clima: lluvia, viento, nieve, barro, humedad. Pero ahora entramos en una fase distinta. El calor extremo puede condicionar el rendimiento, la seguridad y hasta la organización de grandes eventos deportivos.
Quizá en el futuro, además de hablar de presión alta, defensa en bloque bajo y transiciones rápidas, tengamos que hablar de pausas de enfriamiento, horarios adaptados, sombras, hidratación y planes de emergencia climática.
Menos épico, sí. Pero bastante necesario.
Conclusión: el Mundial también necesita adaptación climática
El Mundial 2026 puede ser espectacular, pero también será una prueba de cómo el deporte global se adapta a un planeta más caliente. El fútbol mueve masas, emociones y dinero. Pero también mueve cuerpos humanos. Y esos cuerpos, por mucho que entrenen, no son inmunes al calor.
Así que quizá el mensaje sea sencillo: el cambio climático ya no es un asunto lejano de osos polares y gráficos complicados. También puede aparecer en el minuto 70, cuando un centrocampista no puede más, una grada busca sombra y el árbitro tiene que parar el partido para que todos puedan beber agua.
Y entonces, por fin, entenderemos que el calor no era un invitado secundario. Era el titular.
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